sábado, 31 de octubre de 2015

Rescantando a The Martian



Me gustó The Martian. Ahora sí podemos decir que existe una 'nueva ola' de películas sobre el espacio exterior. Cada año hemos tenido una buena película de éstas. En el 2013, Gravity (de Alonso Cuarón); excelente, sin fisuras, que se llevó merecidamente varios elogios. En el 2014, Interstellar (de Christopher Nolan); sorprendente y para mi gusto la mejor de todas de esta 'nueva ola', casi una obra de arte, a no ser por su epílogo, increíblemente absurdo, que le resta puntos. ¡El final debió ser el final! Ahora, en el 2015, The Martian (de Ridley Scoot), conocida en el mundo hispano como Misión Rescate, aunque por debajo de las anteriores, mantiene un buen nivel del género de películas sobre el espacio exterior. Me sorprende que sea una película de Scott, más parece una de Ron Howard, de sus primeros años. (Curiosamente hay unas pequeñas referencias a la serie Happy Days). El soundtrack, lleno de música disco, no es casual: ese género musical fue el rey durante la década de los 70s, década en la cual, también, el tema sobre viajes al espacio exterior estaba muy presente no sólo en el día a día sino también en las películas.

La Caza


La Caza (Jagten, título original en danés). Una de las mejores películas de los últimos años. 

Súper recomendable película de Thomas Vinterberg, co-fundador del Dogma 95, y muy conocido por La Celebración (Festen, en danés), película de 1998. Excelente la actuación de Mads Mikkelsen, quien ganó el premio a mejor actor en el Festival de Cannes. En esta película, Lucas (Mikkelsen) es acusado de violar a una niña, tras una inocente e inducida declaración de ésta. El afiche de la película, con Lucas mirando hacia atrás, recoge uno de los momentos más intensos de la película. El final es sorprendente y confuso y puede tener más de una interpretación valedera. En cualquier caso nos dejará con la sensación que se ha cometido una injusticia. No cuento más.

PD: No la vean doblada, sino subtitulada.

lunes, 12 de octubre de 2015

Jaque a Tobey Maguire por Pawn Sacrifice

El trailer de "Pawn Sacrifice", película sobre Bobby Fischer, interpretado por Tobey Maguire, me dejó serias dudas sobre su fidelidad respecto a los hechos en torno a la carrera y vida de Fischer. Tiene escenas que no se ajustan en lo absoluto a la realidad y, lo que es peor, dan una mala idea de la controvertida personalidad de Bobby Fischer. Por ejemplo: 

1. La escena de un Fischer fuera de control gritando en la playa a su rival. Es un exceso de libertad creativa del guionista, que resulta inapropiada considerando que se trata de un biopic. Se aleja de la personalidad de Bobby.

2. La escena en la que, en pleno juego, Fischer golpea contra el tablero una pieza e inmediatamente se para, con una actitud totalmente despectiva hacia su rival. Se sabe que Fischer era un verdadero dolor de cabeza para los organizadores de torneo, pero, como una más de sus paradojas, sumamente respetuoso con sus rivales.

3. Fischer de niño jugando en terno. Es bien conocido y característico que no fue sino después de los 15 años que Fischer empezó a usar terno. Antes solía ir a jugar en jeans y con su "famoso" jersey multicolor, lo que no pasaba desapercibido porque contrastaba con la formalidad de sus rivales al vestir.

Si veo todas estas imprecisiones en un trailer, ¿qué puedo esperar de toda la película? Tobey Maguire no contento con casi destruirme a Peter Parker, el alter ego de Spider-Man, ahora, por esas ironías de la vida, parece que quiere destruir a mi héroe ajedrecístico de toda la vida.

¿Dónde me puedo quejar?

Rush de Howard


Me sorprendió gratamente esta película de Howard. 

Debo confesar que dudé mucho en verla por cierto prejuicio que tenía sobre Chris Hemsworth, el Thor de los Avengers. Claro, yo engancho muy bien con esta saga de superhéroes, pero de ahí a pensar que Hemsworth, quien en esta película interpreta a James Hunt, seria un buen actor para una película dramática hay cierta distancia. Hemsworth no es Downey Jr, pensé. Finalmente la vi, animado en parte porque la película contaba una historia real sobre Niki Lauda, el mítico corredor de fórmula 1, interpretado por Daniel Brühl. El resultado: quedé gratamente sorprendido. Vale la pena verla.

La discusión al final entre Lauda y Hunt muestra dos enfoques para encarar no sólo el deporte, sino la vida, que tenían ambos rivales.

Retomando mi nido


Retomo mi blog, después de casi 18 meses. Es increíble cómo pasa el tiempo... y las cosas que pasan en el tiempo. Confirmo que Dios es bueno :) Les dejo con "Mi Dios", una canción de Emmanuel y Linda, ex integrantes de Rojo.

domingo, 4 de mayo de 2014

El disfrute del arte

No creo en marcianos, pero me maravilla el libro de ficción "Crónicas Marcianas" de Ray Bradbury. En "Aunque siga brillando la luna", uno de los cuentos de este gran libro, un terrícola y un marciano tienen dos formas de ver un cuadro: 

“Un hombre de la Tierra piensa: ‘En ese cuadro no hay realmente color. Un físico puede probar que el color es sólo una forma de la materia, un reflejo de la luz, no la realidad misma’. Un marciano, mucho más inteligente, diría: ‘Este cuadro es hermoso. Nació de la mano y la mente de un hombre inspirado. El tema y los colores tienen vida. Es una cosa buena’”. 

Me parece un gran ejemplo de cómo, muchas veces, tratamos de razonar sobre cosas que no están hechas para razonar, sino para percibir, disfrutar, agradecer. El arte, por ejemplo. Si bien hay una teoría del arte, resulta absurdo supeditar nuestro gusto a esa teoría. Más, incluso, porque la teoría cambia. En todo caso, la teoría está, desde mi punto de vista, para "explicar" por qué algo nos gusta o no, cosa distinta a condicionar nuestro gusto. Yo jamás supeditaría mi gusto a una teoría. 

La percepción de belleza, por ejemplo, dicen los teóricos de la estética, tiene mucho que ver con la simetría. Y parece que sí, pero si eso fuera siempre así, ¿dónde quedaría la escuela cubista, que se caracteriza precisamente por su asimetría? Las teorías son reemplazadas por nuevas teorías. Eso siempre ocurre. Nuestros gustos no pueden estar supeditados a esos cambios. 

Muchas veces veo un cuadro y otro casi idéntico, pero el primero me gusta y el segundo no. Luego descubro que la única diferencia entre ambos es un punto. Da lo mismo, a efectos de disfrutar, que no lo hubiera descubierto. Y menos importa aun si alguien teoriza sobre el punto y su efecto estético en el cuadro. 

Uno puede no tener la menor idea de cómo se forma la lluvia, pero, con toda seguridad, contemplar la belleza de una tarde lluviosa... Millones de personas, durante generaciones, han visto las estrellas sin saber ni entender qué son (en el sentido de la Astronomía moderna de lo que son) y ello no ha impedido que encuentren belleza en ellas e, incluso, se hagan poemas.

El firmamento del cielo es, quizás, el mejor lienzo donde podemos ver la belleza, en este caso, de la creación de Dios, aun cuando no podamos entenderla del todo, sólo contemplarla, disfrutarla, admirarla. Para agradecerla.

Cristo de San Juan de la Cruz (Dalí, 1951)

jueves, 1 de mayo de 2014

Multitud


Si hace diez años atrás me hubiesen dicho que en el futuro mi vida sería como ahora es, no daría crédito alguno. Si entonces me hubiesen dicho “vas a pasar tus días buscando más de Dios, asistiendo a una iglesia, leyendo literatura cristiana, compartiendo tu fe”, respondería “imposible”. Si me hubiesen dicho, además, que regresando al Perú, lejos de dedicarme a mi carrera profesional como asunto prioritario, optaría por estudiar en un seminario bíblico, diría “no hay forma”. Y si, además, me hubiesen dicho que viviría durante un buen tiempo sin compañera, sin alguien con quien compartir mis días, mi felicidad, mis sueños, -impensable para mí en esa época- diría “no lo creo”.

Empero, al cabo de diez años, todo eso ha sucedido… Y en medio de ello veo como todo ese cambio me ha reinventado, fortalecido, renovado. Me ha refrescado. Soy yo, pero no soy; soy el que era, pero no como antes; soy el mismo, pero no igual (Gálatas 2:20). Desde que finalmente acepté que no podía vivir ignorando que Dios no sólo era mi creador sino también mi Señor, mi vida ha dado un vuelco sin retorno (Hechos 9:5). ¡He cambiado mi forma de pensar! (Romanos 12:2).

Desde mi adolescencia hasta entrado mis treintas, cambié poco en mi forma de pensar y solía decírmelo a mí mismo. Me enorgullecía de que sea así. Y remarcando esa aparente inmutabilidad de mi pensar y cosmovisión del mundo, me ponía por encima del resto de personas al considerar que el mundo y las personas tenían poco que enseñarme. Con todo, nadie podía ver, ni por asomo, un atisbo de arrogancia en mi persona y, por el contrario, era percibido más bien como alguien que practicaba la humildad (Salmo 139:1-2). Pero el Señor me enseñó que de lo que yo me sentía más orgulloso, es decir, de mis certezas y mi forma de pensar, de mi ver y entender las cosas y, desde luego, de mi inteligencia, eran nada ante la verdad de su Palabra (Filipenses 3:8).

El cambio que he tenido desde que decidí en el 2007 hacer a Dios Señor de mi vida ha sido sustancial. El Señor, a través de su Palabra, ha ido cambiando, paulatinamente, pacientemente y sin parar, mi forma de pensar y hasta mi forma de sentir y amar; y lo continua haciendo hoy (Filipenses 1:6). Hubo un tiempo en que solía querer tener el control de todo en mi vida, calcularlo todo, como en una partida de ajedrez, confiando en mis fuerzas, pero el Señor me enseñó que es Él quien tiene control de todo y que toda mi vida subsiste en él (Colosenses 1:17).

En ese tiempo procuraba, una vez por semana, hacer un alto y alejarme de la multitud, incluso de mis seres queridos, y salir a caminar sólo para reflexionar sobre mi vida, mis sueños, mis relaciones y hasta mis aficiones… Era una forma de oxigenarme de la gente, de mis cargas diarias y continuar. Siempre con mis fuerzas. En esas “escapadas”, Dios solía aparecer en mis pensamientos, pero nunca de la manera que Él lo merecía o de la que yo, sin saberlo, lo necesitaba. Era más bien yo solo, reflexionando sobre lo demás.

Hoy en día, aun viviendo solo, sigo teniendo la misma necesidad, casi cada día, de alejarme aunque sea un instante de la gente, de la cara conocida, del tono de voz familiar, del lugar frecuente, de la multitud… y buscar un lugar para hacerlo, pero esta vez soy consciente que nunca voy solo sino con mi Dios (Salmo 139:7-10). Y busco estar solo (léase Dios y yo), placenteramente solo, para meditar, respirar, ver cosas nuevas, aun en lo ya conocido como el mar, la caída del sol, o el cielo, y hablar en voz alta o cantar desafinadamente, sin preocuparme que nadie me vea o escuche, tan solo bastándome saber que Dios está a mi lado, cuidándome, conmigo, a cada instante; y que, en momentos como esos, ya no importa nada ni nadie porque entonces puedo percibir a mi Dios con aun mayor nitidez y escuchar su voz hablarme, revelándome sus secretos y su amor.

domingo, 12 de enero de 2014

Ya no importas 2013 tú

Se fue el 2013 y no tuve tiempo, como otras veces, de escribir en mi blog un post de cierre. Solo diré: ¡gracias Dios! 

Para no perder la costumbre, abro este nuevo año con una canción, “Blu Ice” (no “Blue Ice”) de Mar de Copas. ¿La razón? Ninguna, nada más porque me gusta y fue una de las canciones que más escuché el 2013. Por cierto, “Blu Ice” es de 1994, pero recién reparé en ella este 2013, cosa que me suele pasar y no sólo con canciones…

Manolo Barrios, quien compone la mayor parte de canciones de Mar de Copas, le puso música a la letra escrita por Phoebe, integrante del grupo. 

El título es, para mí, un enigma. Fonéticamente suena parecido a “blue eyes”, lo que tiene sentido con la letra. Quizás ahí la explicación. En cualquier caso, no importa, me gusta. 

Quise poner un buen video de esta canción, pero no encontré (por ahí ubiqué que alguien hizo un video con Sailor Moon, pero creo que a los Mar de Copas nos les gustará). 

Escuchémosla… 

Blu Ice - Mar de Copas

  

Blu Ice (letra)

Ahora te miro directo a los ojos blu
siento el calor de una dulce tristeza y 
 recuerdo cuando estuviste
tan cerca y lejos de ti y de mí. 

Al regresar del azul de tus ojos yo
al recordar nuestros primeros días tú
de girasoles gigantes
después del último beso
con otro te saludaba yo
con ese adiós me decías tú.

Y no imaginé que así era el amor
ahora te miro directo a los ojos blu
sólo un pedazo de cielo y tú
ya no importas ojos blu.

Ahora te miro a los ojos
ahora que el tiempo de a pocos 
ya te alejó
recuerdo lo que buscaba
de tu espacio te pedía
sólo un espacio, por favor
para que dieras cabida
con tu ternura a este amor
que entre tus sábanas no entró. 

Y al regresar del azul de tus ojos yo
al recordar nuestros primeros días tú
de girasoles gigantes
después del último beso
con otro te saludaba yo
con ese adiós me decías tú.

Y no imaginé (no imaginé) que así era el amor
ahora te miro directo a los ojos blu
sólo un pedazo de cielo y tú
ya no importas ojos blu... 
ya no importas ojos blu...
ya no importas tú...
ya no importas ojos blu.

sábado, 16 de noviembre de 2013

La Trinidad es amor


Uno de los mayores misterios contenidos en la Biblia y revelado por Dios a los hombres es la existencia de la Trinidad. Es decir, la existencia de tres personas en Dios. Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres personas en un solo ser.
Explicar la Trinidad es complicado, pero, como dice Timothy Keller, pastor de Redeemer Church, más complicado incluso es tratar de explicar a Dios sin la existencia de ella. ¿Por qué? Porque sin la existencia de la Trinidad nos encontramos ante la imposibilidad de explicar que Dios es amor. ¿Por qué? Porque todo aquello que Dios es lo ha sido siempre porque es inmutable en su Ser. Dios es amor, antes, ahora y siempre. Por la eternidad. Aun cuando la creación no existía, Dios era amor. Entonces, si Dios fuese unipersonal ¿cómo podría haber sido amor cuando no había creado aun a los ángeles ni al hombre? ¿quién habría sido el objeto de su amor si además de él, un ser unipersonal, no habría habido nadie más? No es posible explicar la afirmación de que Dios es amor con un ser unipersonal. Sin embargo, un Dios trino puede explicarlo perfectamente: Dios es amor porque cada persona de la Trinidad ama a las otras dos personas con un amor perfecto.
Cada persona de la Trinidad no busca lo suyo, sino glorificar a las otras dos personas. Por ejemplo, Jesús, el Hijo, glorificaba al Padre y al Espíritu Santo.
Respecto a lo anterior existe un malentendido de algunos que creen que Jesús era inferior al Padre por la forma en cómo se refería a Él, pero no es así. Jesús mostraba amor al Padre, no inferioridad. Jesús amaba al Padre y lo honraba en todo momento, pero lo mismo hacía el Padre con Jesús. En efecto, cuando Jesús fue bautizado, el Padre dijo “Este es mi hijo amado, en él tengo complacencia”. Luego, en el pasaje de la transfiguración de Jesús se escucha la voz del Padre decir: “Este es mi hijo amado; a él oíd”. El Padre no dijo “óiganme a mí”, sino le dio toda la honra al Hijo. En el libro del Apocalipsis la Biblia dice que Jesús será exaltado y que ante él toda rodilla se doblará.
Un Dios unipersonal puede ser todopoderoso, omnisciente, pero no amor porque en la eternidad no había nadie que pudiera haber sido objeto de su amor. Un Dios trino, en cambio, tiene el amor como centro de su ser. Tres personas en un solo ser en una relación de amor infinita y eterna. El amor de cada persona de la Trinidad hacia los otras dos personas de ella nos permite entender, también, porque Dios nos pide que no nos centremos en nosotros, sino que lo amemos. La razón es que el amor está en el centro de su Ser: el amor que no busca lo suyo, sino el bien de los otros, es el amor que caracteriza a Dios. Es Dios.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Like...


Me gusta aquella gente de una inteligencia clara, limpia, sin preconceptos. Aquella con capacidad para explicar con simplicidad algo enredado y para encontrar soluciones sencillas a problemas complejos…
Pero, más aun, me gusta la gente sencilla, sin retoques. Aquella que es siempre la misma, sin importar quien esté a su derredor. La auténtica, transparente, directa. La que no necesita de un reflector para sentirse importante…
Me gusta, asimismo, aquella que siempre piensa y habla bien del resto. Aquella que anda sin sobreentendidos o sospechando siempre del resto. Aquella que está más pendiente de dar un saludo, que en recibirlo. Aquella que no anda juzgando a la gente, condenándola, discriminándola, sino alentándola…
Me gusta aquella gente que conserva su niñez, que sabe sacar al niño o niña que hay dentro de sí. Y aquella que posee la capacidad de sonreír aun en momentos difíciles; de agradecer a Dios. Aquella que se atreve a decir lo que siente, sin temor, cuando debe hacerlo…
Pero, especialmente, me gusta aquella gente que es lo suficientemente inteligente, sencilla y auténtica para saber pedir perdón y saber darlo.

martes, 29 de octubre de 2013

El Corazón Delator

Los comienzos son tan importantes y la literatura lo sabe bien. Una buena novela o cuento tiene siempre no sólo un buen final sino también un buen comienzo. Un ejemplo de ello es el de “Cien años de Soledad” del Gabriel García Márquez. El Gabo empieza así una de sus más célebres novelas: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde lejana en la que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Se trata de un comienzo magistral, formidable. En pocas líneas, el Gabo ha sido capaz de presentarnos un personaje y hacernos que nos interesemos en él, preguntándonos ¿por qué lo van a fusilar? Y, también, de crear, de inmediato, un ambiente de nostalgia al presentarnos los recuerdos de la niñez de ese personaje (¿hay algo que cause más nostalgia que un hombre a punto de morir recordando su niñez?). Y, finalmente, de sorprendernos respecto al personaje, al hacer que nos preguntemos ¿qué tipo de individuo es éste que no conoce el hielo?

Un comienzo magistral, sin duda, para una novela notable. Sin embargo, si tuviera que quedarme con algún comienzo, me quedaría con el del cuento “El Corazón Delator” de Edgar Allan Poe, mi héroe de la literatura, a quien descubrí cuando tenía 11 años, hurgando en el libro texto que mis hermanos mayores llevaban ese año en el cole. La foto de un hombre de amplia frente y mirada asimétrica y algo adusta me llamó de inmediato la atención. El título del cuento también, el cual empezaba así:

“¡Es verdad! Soy muy nervioso, extraordinariamente nervioso. Lo he sido siempre. ¿Pero por qué dicen que estoy loco? La enfermedad ha aguzado mis sentidos, pero no los ha destruido ni embotado. De todos ellos el más agudo es el oído. Con él he escuchado todas las cosas del cielo y de la tierra, y no pocas del infierno. ¿Entonces, cómo, puedo estar loco? Observen con qué calma, con qué serenidad, puedo contarles esta historia”.

La impresión que este comienzo causó en mí aún perdura en mi memoria. Hasta entonces, los cuentos o pocas novelas que yo había leído eran narrados por alguien que parecía omnisciente, lúcido, equilibrado. Alguien certero, que no mentía, que permanecía más allá de bien y el mal. Alguien como un dios contando una historia. Un narrador inerrante. Pero esta vez, para mi sorpresa, quien contaba la historia era una persona que, aunque se esmeraba nerviosamente por convencernos de todo lo contrario, estaba evidente e irremediablemente loco. El resto del cuento es, también, magistral.

Ese comienzo trajo consigo que quiera leer más de Poe. Leí todos sus cuentos, su única novela, sus poemas y ensayos, por demás brillantes. Descubrí una de las mentes más brillantes que he conocido a través de los libros, una inteligencia notable, un raciocinio impecable.

Poe rompió mi pequeño mundo literario, le dio un giro sin retorno; me hizo conocer que los personajes, aun quienes narraban la historia, podrían ser tan frágiles, tan humanos como cualquier otro.

Luego supe que Poe había sido el iniciador del género policiaco con los “Asesinatos de la Rue Morgue”, donde nos presentó al analítico Aguste Dupin, de quien Conan Doyle se inspiró para hacer su célebre Sherlock Holmes. Fue, también, iniciador del género de miedo, referente hasta hoy, y por siempre, de cualquier autor que escriba en ese género. Incursionó, asimismo, en el género de aventura y, para sorpresa de muchos, en el de humor y con no poco brillo. Influyó en R. L. Stevenson, quien tenía hacia Poe una rara combinación de admiración y crítica; en Baudelaire; en Verne; en Bradbury; en Lovecraft; en Borges; en Cortázar; en Quiroga y en tantos otros grandes de la literatura.

Poe es admirado también por autores de otras artes. En el cómic, nada más y nada menos que Alberto Breccia, uno de los más grandes dibujantes de historietas de todos los tiempos, ha adaptado una notable versión del “El Corazón Delator” al cómic.

En cuanto a la música, Silvio le dedicó “La trova de Edgardo”; The Beatles lo pusieron en la portada de su “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band”; Bob Dylan basó su canción “Just like Tom thumb´s” en un cuento de Poe y The Cure, su canción “Just like Heaven” en uno de sus poemas; Alan Parsons Project dedicó una serie de canciones a Poe en su disco “Tale of Mystery”; Lou Reed le rindió homenaje en su album “The Raven”…

… Y Gustavo Cerati, con Soda Stereo, compuso “Corazón Delator”, en clara alusión al título del cuento de Poe, canción que ahora posteo, aun cuando su letra tenga poco que ver con el relato de Poe. No deja de ser un buen pretexto para juntar a Poe y Cerati en un solo post.


"Corazón Delator"

sábado, 28 de septiembre de 2013

Conversaciones Absurdas (6)



- Deja ya de estar posteando fotos en el instagram. 

- Un toque, que posteo sólo una pic más... 

- El instagram hace creer a la gente que es fotógrafa y el face, que tiene amigos... 

- ¡Espera! Me gustó esa frase... 

- ¿Qué haces?

- ¡La estoy posteando en mi face!

jueves, 12 de septiembre de 2013

Lo visible de lo invisible


x Carlos Tovar

Durante las últimas décadas, los agujeros negros han sido motivo de gran estudio por parte de la ciencia, permitiendo tener una mayor compresión del Universo. Se conoce, por ejemplo, que concentran una gran masa la cual que genera alrededor suyo una enorme gravedad que atrae todo aquello que pasa dentro de su radio de atracción. Ni la luz, que parece indetenible con respecto a su recorrido, puede evitar ser atraída por un agujero negro.

Si bien son tan reales como los cuerpos celestes que observamos en el Universo, lo curioso es, sin embargo, que los agujeros negros son invisibles. Y no porque no tengan color o alguna forma, sino porque no pueden ser observados por el ojo humano. Resulta imposible que una persona pueda ver, aun con la ayuda del telescopio más potente del mundo, un agujero negro, porque no podría estar lo suficientemente cerca para hacerlo, sin que antes esté lo suficientemente próxima como para ser absorbida por su descomunal gravedad.

Entonces, la pregunta que surge es ¿cómo se sabe que los agujeros negros existen si nadie los ha visto jamás? Simplemente por los fenómenos que ocasionan a su alrededor. Por ejemplo, la luz tiende a curvarse cuando “pasa cerca” de un agujero negro. Podemos, también, deducir que son negros porque al tener una enorme gravedad, la luz no puede salir ni escapar de ellos, quedando absorbida en sus “profundidades”. El resultado es la ausencia total de luz; la negrura. Así, a través de sus efectos, lo inobservable de un agujero negro se hace observable… Lo invisible se hace visible…

Vemos pues que aun cuando nadie los ha visto, la ciencia no tiene ningún problema en aceptar la existencia de los agujeros negros. Entonces, pregunto, ¿por qué a la ciencia le resulta difícil aceptar la existencia de Dios por el hecho de que no pueda observársele?

Puedo contemplar la creación y ver, a través de ella, el poder y esplendor de Dios. Un diseño impresionante que no puede ser resultado de lo casual, de lo fortuito. Un Universo en el cual la fuerza de gravedad se encuentra justo en un rango que permite que haya vida en él (rango que representa el 0.0000000000000006% del total de valores posibles que podría tomar la gravedad); un Universo en el cual si su velocidad de expansión no tuviera una precisión de 1/100,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000, la vida en él sería prácticamente imposible; un Universo en el cual si la fuerza fuerte (que mantiene unidos los protones de un núcleo atómico) se redujera en apenas 1/10,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000 de fracción, sólo existiría hidrógeno en el Universo y la vida en él sería imposible; un Universo en el cual si se incrementara la masa del neutrón en apenas 1/700 no habría fusión en las estrellas y ello la energía necesaria para la vida; un Universo en el cual si la fuerza electromagnética fuese ligeramente más fuerte o más débil, la vida en él sería imposible; un Universo en el cual la posibilidad de que existan todas las condiciones necesarias para la vida en el planeta son apenas 1/1000,000,000,000,000. Un Universo que requiere que existan cerca de 30 parámetros perfectamente calibrados para que pueda existir vida al menos en algún lugar en él.

El apóstol Pablo escribió: “Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa” (Romanos, capítulo 1, versículo 20).

La majestuosa creación habla del Creador, nos canta, desde lo más lejano y cercano del Universo, en lo más macroscópico y microscópico de él, que hay un Hacedor, un Diseñador. Pese a toda esa abrumadora evidencia, sin embargo, la mayor prueba de la existencia de Dios no es lo maravillosamente diseñado que resulta el Universo, sino Su obra en nuestras vidas, expresada en una vida cambiada, restaurada y feliz. Una vida justificada que Dios va perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús (Filipenses, capítulo 1, versículo 6). Hasta el día que lo invisible se haga visible y tengamos esa gloria, de la que alguna vez el ser humando fue testigo, en frente de nosotros. Cuando tengamos a Jesús delante nuestro, al alcance de nuestras pupilas. Un Jesús completamente observable, visible; Señor y salvador.

lunes, 25 de marzo de 2013

Lo que Jesús es...



Quién es Jesús, según la Palabra…

Nada de lo que ves; ningún cuerpo celeste por grande o lejano que sea o esté; ni los colores del atardecer, que dan la impresión de no tener espesura, tan solo belleza; ni los rayos de luz que cruzan el universo a una velocidad impresionante, inimaginable; ni el sonido que se desplaza a través del espacio; nada de nada se sostiene sin Él. Nada, porque a través de Él fue creado todo lo que existe y todo vino a ser a través suyo (Juan 1:3).

No te afanes si alguna puerta se cierra ante ti o una que esperas no se abre porque Él es quien cierra y nadie abre o abre y nadie cierra (Apocalipsis 3:7). Descansa en eso.

Jamás te sientas solo o pienses que llegaste a tu fin. Él es el primero y el último, el alfa y omega (Apocalipsis 1:8). Él ha estado presente desde el primer día de tu vida, e incluso antes, cuando eras solo un pensamiento en su eternidad. Estuviste en sus planes desde antes de que todo lo que ves existiera y estará presente en el último de tus días también, y aun después, porque estará contigo en la eternidad. Y no pretendas vivir al margen de Él porque no lo conseguirás o si pretendes que lo has conseguido serás, tarde o temprano, irremediablemente infeliz porque no fuiste creado para ser feliz de otra manera que no sea permaneciendo en Él (Juan 15:5). Recuerda que Jesús lo llena todo en todo (Efesios 1:23).

No intentes perfeccionar tu fe sin Él. Mira la cruz, piensa en su resurrección, visualiza la tumba vacía como la vieron muchos testigos. Escucha sus palabras. Escúchalo porque Él es la Palabra de Dios encarnada, pre-existente y eterna. Él es el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2).

Él es todo lo que cuentan los Evangelios, lo que anunciaron los profetas desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Es quien nació en un pesebre y anduvo con 12 apóstoles. Es quien fue crucificado y resucitó al tercer día. Y ascendió. Es quien se le apareció a Pablo camino a Damasco convirtiendo, así, a un asesino de cristianos en alguien capaz de exponer su propia vida por causa del Evangelio. Es quien oró al Padre por sus enemigos cuando éstos le estaban quitando la vida en la cruz. Es quien hizo milagros, enseñó de día y noche y anduvo entre nosotros. Es el nombre por sobre todo nombre y ante quien toda rodilla se doblará y confesará que Él es el Señor (Filipenses 2:10).

Es eso y mucho más, pero piensa principalmente en esto: Él es quien, sobre sus ovejas, dijo “nadie podrá arrebatármelas de la mano” (Juan 10:28). Nadie es nadie. Nadie ni nada. Nadie ni nada. Repítelo hasta que se te grabe y seas absolutamente consciente de lo que eso significa. Podemos descansar en esa verdad…