domingo, 10 de febrero de 2008

Peru: Garcia vs. Fujimori, segundo round

x Álvaro Zumarán

Mientras el gobierno peruano sigue disfrutando de su “éxito” en firmar el tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, y del crecimiento económico sostenido del 8%, gracias al cíclico y fortuito crecimiento en el precio de los metales, el partido de gobierno, APRA, tiene aún que limpiar su camino en el sector institucional.

El actual presidente Alan García, que según las últimas encuestas nacionales de RPP y el Diario Correo, cuenta con el 28% de aprobación, el más bajo de Latinoamérica, está enfrentando un reto que lo va a poner a prueba: observar imparcial el juicio al ex-presidente Alberto Fujimori, balanceando las presiones de los diferentes grupos políticos y garantizando la transparencia en el proceso. García, que ha buscado distanciarse del tema, ha manifestado que es el poder judicial el organismo responsable para manejar el juicio. Desafortunadamente para él, la desazón social y la popularidad de Fujimori en ciertos sectores de la sociedad le están pasando factura a su imagen, a la vez que abren la puerta a viejos fantasmas que lo han perseguido en el pasado: su propia responsabilidad en los crímenes sobre los derechos humanos por la matanza de prisioneros en El Frontón.

El retador

El ex-presidente Alberto Fujimori está de regreso en el Perú, y más controversial que nunca. Está enfrentando juicios por crímenes contra los derechos humanos, cometidos durante su gobierno. Ha sido ya condenado a seis años de prisión por el primero de los tres cargos pendientes, pudiendo pasar muchos años más en prisión de ser encontrado culpable de todos los cargos. En el 2000, Fujimori fue destituido como Presidente por el congreso por incapacidad moral, después de que renunciara a su cargo enviando un fax desde el Japón. Desde entonces, ha tratado de evitar ser extraditado al Perú, convirtiéndose en ciudadano japonés, casándose con una ciudadana japonesa y lanzándose como candidato al congreso japonés. Su última movida política fue preparar su candidatura presidencial para las elecciones peruanas del 2006, pero fue detenido en el 2005 mientras viajaba por Chile. Aparentemente el paso por Chile fue intencional, y una opción de si juzgado, sea en un sistema judicial imparcial que además pudiera garantizar su seguridad y con suerte darle una sentencia reducida. La movida pudo ser buena, pero le quedó corta; prevalecieron los cargos de crímenes contra los derechos humanos y finalmente fue extraditado al Perú después de dos años de arresto domiciliario en Chile.

Los fantasmas del pasado

La llegada de Fujimori puede deteriorar aun más la imagen de García, quien en este momento está luchando por recuperar su popularidad. García ha empezando a perder los papeles y el foco de su agenda. La suerte de recibir el país en un momento positivo fue gracias a la gestión del presidente saliente, Alejandro Toledo, pero muchos peruanos le otorgan gran parte del crédito a Fujimori y su éxito al combatir y doblegar la crisis financiera heredada de García y rescatar el control del país derrotando a los violentos grupos terroristas. Por el contrario, el legado de García fue un país devastado por el terrorismo, una crisis financiera con más de 9000% de inflación anual y miles de peruanos emigrando sin ninguna esperanza. García sólo puede reclamar una muy leve victoria en las elecciones del 2007 sobre Ollanta Humala, candidato presidencial que sacó más de 47% de los votos. García parece haber olvidado que su elección fue ganada con votos prestados de sus detractores, incluyendo los seguidores de Fujimori.

El principio del fin, o el fin del principio

El resultado de esta situación es discutida abiertamente en las calles de Lima, como si los limeños supieran el libreto desde el principio. Muchos aseguran que existió un pacto entre García y Fujimori desde las elecciones de 1990, –cuando Fujimori derrotó en las urnas a Mario Vargas Llosa, con la ayuda de García, entonces presidente–, el cual se basó en un acuerdo recíproco de no agresión y/o protección en el futuro. Las últimas cartas de Fujimori están ahora jugándose en crear una crisis política, para solidificar su influencia en el pueblo y fortalecer la imagen de su hija, Keiko Fujimori, la congresista con más votos en las últimas elecciones y una potencial candidata a la presidencia del Perú, quien ha manifestado abiertamente que si es elegida presidenta indultara a su padre de ser condenado. Ahora, con la mirada de la comunidad internacional, García tiene que hacer algo por el mismo; empujar el país hacia el desarrollo y la competitividad, no sólo en los negocios sino también en sus instituciones.

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