jueves, 18 de octubre de 2007

"Hijo de Hombre" de Augusto Roa Bastos (Paraguay)

x Andrea Raimondo

Deseo rendir homenaje a un gran escritor Paraguayo quien nos dejara en el año 2005 y a quien hemos tenido el honor de leer en el grupo de lectura que lidero en la capital Washingtoniana. Se trata de Augusto Roa Bastos. Su obra Hijo de Hombre originalmente fue publicada en el año 1960 y en su momento tuvo un éxito rotundo. La novela que leímos es una reelaboración del original. Según el autor es una obra nueva, sin dejar de ser la misma con relación a su original, ya que mantiene su fidelidad al contexto imaginario, cuya realidad no es más que una de las tantas fábulas que la palabra mitos puede inventar. El tiempo de la escritura de Roa Bastos es la historia trágica y grandiosa del pueblo paraguayo que oscila sin tregua entre la rebelión y la opresión, entre el oprobio de sus torturadores y la profecía de sus mártires. Itapé es uno de los pueblos en esta historia. Itapé, pueblo de ficción, refleja en chico las características del país en grande; y a su vez es la réplica exacta de algunos pueblos latinoamericanos que desconocen el progreso y lo que es vivir dignamente. La fragmentación que sufre el hombre ante situaciones irremediables provoca en su personalidad un quiebre interior, al debatirse entre la conciencia racional y el inconciente que puja por dejar atrás tal dolor. Esta fragmentación hace que se dificulte el camino a seguir y se convierta en un atajo sin salida. La novela de Roa Bastos grafica esta fragmentación y a su vez hace alusiones a relatos bíblicos, dejando entrever un tono profético. Ezequiel es el profeta en la Biblia al que Dios llama Hijo de Hombre. Su teología de la esperanza ronda en torno a la fórmula condenación-salvación. De ahí una de las relaciones bíblicas en esta historia donde de la opresión sufrida por sus pueblos de ficción Itapé, Sapukai, Tacurú Pucú, surge un hombre liberado de esas opresiones terrenales en el acercamiento a lo divino. Cabe destacar que es un libro difícil de leer ya que la estructura de la novela de Roa Bastos ronda en la confusión y la incertidumbre. La dificultad reside a su vez en las idas y venidas de las historias a lo largo de cada capítulo. El recuerdo de lo malo amerita un análisis para de ello aprender y crecer, lo bueno siempre queda en la memoria y produce felicidad. En este caso ante una novela de esta magnitud no nos dejemos llevar tan sólo por el instinto inconciente de dejarla atrás, démosle una oportunidad; de su análisis racional tal vez logremos el acercamiento a lo divino. Quién sabe?

“No te dejes abatir por las dificultades o las vencemos o nos vencen".

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