Emanuel Lasker (1868 - 1941) fue campeón mundial por 27 años, un récord que será muy difícil de batir. El final de su reinado ocurrió en 1921 en La Habana, Cuba, cuando José Raúl Capablanca le ganó cuatro veces durante el duelo que sostuvieron. Lasker aludió su fracaso a que el calor húmedo de la isla le disminuyó su condición física. Se encontraba desmoralizado y tras la recomendación de los médicos que debía guardar reposo optó por abandonar aquella competencia sin llegar a doblegar al invencible Capablanca en una sola partida.
Emanuel Lasker: dio mil excusas
Robert J. Fischer (1943 - 2008) fue una figura legendaria desde sus inicios en el mundo de los escaques. Cuando perdía una partida el niño prodigio se echaba a llorar. Cuentan que en Mar del Plata 1960 Bobby encajó mal su derrota frente a Boris Spassky y fue entonces que David Bronstein le dio consuelo con estas sensibles palabras: "Oye, ellos me obligaron a perder el campeonato mundial, y no lloré".
Bobby Fischer: no aceptaba la derrota
Anatoly Karpov (1951 - ...) ex-campeón mundial es tal vez quien mejor actitud desarrolló frente a la adversidad en el tablero. Discípulo de Mijail Botvinnik (ex campeón mundial, quien recuperara su corona en sendos match revancha), Karpov publicó el libro "Como aprender de las derrotas", en el cual analiza sus traspiés frente a grandes maestros y cómo se recuperaba para enfrentarlos con éxito en sus próximos encuentros. Cabe resaltar que Karpov ostenta el récord de mayor número de torneos ganados en toda la historia del deporte ciencia.
Anatoly Karpov: el imperturbable
En el match por el título mundial que se disputó en Elista, Kalmikia, durante setiembre / octubre del 2006 Veselin Topalov acusó a Vladimir Kramnik de recibir ayuda externa, a través de dispositivos electrónicos instalados en los servicios higiénicos, en pleno desarrollo de las partidas. Esta denuncia que generó un escándalo mayúsculo, conocido irónicamente como "Watergate", sucedió cuando el marcador le era desfavorable a Topalov. Esto causó indignación a su rival, y desde entonces, ambos jugadores no se volvieron a dar la mano en el resto del match. Ahora este aspecto ha sido reglamentado por la FIDE que establece que quien se niegue a hacerlo perderá el punto. Dar la mano es signo de deportividad y buena educación que todos los ajedrecistas deberían practican.
Veselin Topalov: le dio por acusar
Podemos concluir que, en general, al caer vencidos los jugadores consagrados son tan humanos como cualquier aficionado. Hay que reponerse para la siguiente lucha y seguir el sabio consejo de Capablanca: "De pocas partidas he aprendido tanto como de la mayoría de mis derrotas".
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